viernes, 14 de febrero de 2014

El Procés Polític a Catalunya. Cultura, filosofia i psicoanàlisi.

José Miguel Pueyo. Respuesta a Laura. D. A., y a otros amigos, sobre El Procés Polític a Catalunya. Cultura, filosofia i psicoanàlisi. Acto celebrado en la Casa de la Cultura, de Girona, el 27 de noviembre del 2013.


Ante todo muchas gracias por los comentarios recibidos. 

De la política se ha dicho que es la ciencia de hacer posible lo imposible; sobre esta suerte de alquimia, hoy no me permito imaginar -aunque de lo contrario ganas no me faltan- que al menos por aquí, en palabras de don Pedro Calderón de la Barca, sea también el gran teatro del mundo.


DE LOS PONENTES
Lo cierto es que la xerrada del día 27 de noviembre podría haber ido mucho mejor. No lo fue, entre otras cosas, porque el Sr. Alfons López Tena se decantó por un discurso más propio de un mitín que de una conferencia debate académica, además de trasnochado y ajeno al espíritu crítico. Como ya viene siendo habitual en algunos ámbitos de la política, el líder de Solidaritat Catalana per la Indepèndencia, omitió, entre otras cuestiones fundamentales para el debate, ¿qué país queremos? Por lo mismo, dejó de lado los tratados de la UE y de la OTAN en el caso de que un territorio de un Estado miembro decida independizarse; y pasó por alto las diferencias entre Escocia, el Quebec y Catalunya, esto es, lo que se ha dado en llamar independentismo romántico. Nada dijo el Sr. tena de la columna de humo o estrategia de distracción de los graves problemas de todo tipo que puede suponer el permanente debate soberanista. Me refiero a la tinta, palabras, incluso arengas y, por supuesto, al dinero público, no siempre acordado para los fines que algunos no desean, como es separarse de España, y, en fin, a las pocas ganas de debatir sobre "ustedes tienen un problema y se llama 3 por ciento", que el entonces president de la Generalitat de Catalunya, espetó, en el Parlament, al lider de la oposición y president de Convergencia i Unió, Arthur Mas. Y en ese mismo sentido, nulo fue el interés del Sr. Tena para entrar en el análisis de otra de mis afirmaciones, quizá más contundente, ya que expuse que algunos diputados del Parlament de Catalunya, pero también otros que ya no están en esa sede de la soberanía del pueblo, merecerían por sus deleznables y siempre hipócritas modos de proceder que fueran desposeidos de todos sus inmerecidos privilegios y honores, y, por supuesto, que la justicia les obligase a devolver todo lo había robado al erario público, y que los libros los recuerden por el engaño continuado a la democracia y a la ciudadanía catalana y a la española en general. Contrariamente, al Sr. Tena pareció no interesarle siquiera la cuestión de unas elecciones anticipadas y/o plebiscitarias en el caso de que no pueda celebrarse la consulta sobre la independencia. Su interés fue aun menor respecto a lo que podría decir el presidente de España, el Sr. Mariano Rajoy, acerca de una consulta sobre la independencia de Catalunya, -que se presume que no será aplaudida por algunos líderes catalanes-; y tampoco consideró oportuno discutir sobre un hipótetico pacto de las dos fuerzas políticas mayoritarias del país, PP y PSOE, a la hora de reformar la Constitución, y cómo quedaría respecto a los intereses de Catalunya. (Lo frecuente de omisiones análogas por algunos políticos puede hacer pensar que con tan despreocupado y aun interesado proceder pretendieran hacer creer que esos asuntos son únicamente para iniciados o incluso que carecen de interés).
 

 

 

Tampoco las aportaciones de Jacques Lacan y el psicoanálisis en general a la política, así como a la condición humana y su repercusión en lo sociopolítico, fueron para el Sr. López Tena algo prioritario, circunstancia, entre otras, que auguraba que no tenía otro deseo que hacer un mitin político en su periclitada línea de aseveraciones. Y así fue. A mi juicio lo que dijo sobre el Procés Polític a Catalunya lo podría haber dicho un estudiante de primero de ESO, y no de los mejores.

Esa conocida deriva de los políticos de viejo cuño y algunos de los tocados por la razón postmoderna, quienes para dar consistencia imaginaria al Otro social recurren a la cosa familiar para mejor enardecer los sentimientos, y que dejan de lado los problemas no menores de la democracia, constituyó un agravio para los organizadores y, lo que es peor, para no pocos asistentes al acto. El hecho es que se había establecido -tal como lo recogía la propaganda del evento en diferentes medios-, que los ponentes incidirían en las aportaciones de la cultura, la filosofía y el psicoanálisis a la política y al procés polític a Catalunya, en particular. Los ponentes esbozaron una sonrisa cuando planteé que Catalunya tenía la oportunidad de regenerar la general degradación de la democracia y la desafeccion de la gente con los políticos, sin duda porque no contemplaban siquiera esos aspectos en la nueva Catalunya. En resumen, tuve que aparcar una parte esencial de mi exposición porque las disquisiciones políticas y aun ideas destroyer del sr. López Tena, iba in crescendo, y no había quien lo parase en su anhelo de dejarse oír y de capitalizar el evento.

En cuanto al profesor de filosofía Antoni Defez, me apena decir que no ayudó a aminorar el mitín de su predecesor en el acto. Baste indicar que tampoco mencionó a ningún filósofo o politicólogo, así como a otras personas que han aportado ideas al procés polític a Catalunya, limitándose a conjeturar sobre cuántos individuos conforman un pueblo, y otros aspectos de igual índole. El Sr. Defez, por tanto, elidió la posible aportación de la filosofía política al proceso soberanista, aportación que los organizadores del acto entendíamos que él, por ser profesor de filosofía, le correspondía, al menos en parte, presentar. En realidad, su presencia en el acto respondía a esa razón, y así hubo de leerlo, creo, en la propaganda de la Casa de la Cultura. Mas sorprendente aun es que a imitación del Sr. López Tena, el Sr. Defez no juzgó necesario articular la condición humana y la subjetividad con la política. Para él, y así hubo de expresarlo, se trataba de dos planos separados y su relación no era pertinente para el procés polític a Catalunya. En resumen, para este profesor de filosofía y especialista en Ludwig Wittgenstein, la incidencia de la subjetividad y de los distintos discursos en lo político no merecían la pena ser tratados. (¡Horror a la naturaleza humana; desinterés por la historia de los hechos sociopolíticos, y por la relación de la subjetividad y el poder; suposición de que la condición humana no admite cambio, y, por lo mismo, asunción de la pesimista y errónea tesis según la cual sólo las leyes y los modelos políticos pueden cambiar la vida en sociedad. !Vaya usted a saber!). Conclusión: el sujeto humano y sus producciones estaban en el debate, para el político y para el filósofo, pese a lo acordado, de más. (¡Tanta era la ideología y el desinterés por la cultura! Sí, e incluso un poco más).


DE LOS ASISTENTES
Algunos asumieron de buena gana las ideas políticas del Sr. López Tena, tal vez porque ya lo tenían claro, o sea, porque la transferencia (en la vertiente de suposión de un saber al otro) ya estaba establecida de antemano, como suele decirse; y la incidencia de la condición humana en la política era para ellos algo marginal en comparación con la secesión sí o sí.
 

No faltaron al acto estudiantes de filosofía. Y por extraño que parezca no tuve la impresión de que reconociesen siquiera, a imitación de los primeros, un aspecto tan básico, fundamental y esencial para el asunto que nos convocaba como es la incidencia de la subjetividad y de la ética en los proyectos humanos, y, por lo mismo, en la Catalunya que todos queremos, sin duda la mejor.
A otras personas, quizá por idénticos motivos, parecía que les daba igual que el destino de Catalunya lo dirigiera un loco, un bolchevique, un fascista, un monje de Monserrat, el Sr. Millet, o un émulo de Jordan Belfort, el llamado lobo de Wall Street. Nadie creía en la fórmula idealizante propuesta y conseguida por el abogado catalán Manel Ortínez, burgés y liberal, en la época de Adolfo Suárez y Josep Tarradellas: "La monarquía reconoce a la Generalitat y Catalunya reconoce a la monarquía". Es más, haciendo bueno un obsoleto pensamiento ideológico, algunos de los asistentes estaban convencidos de que la única consideración valida y razonable de ser tratada era la de derrotar por cualquier medio al Estado Español. Fue así hasta el extremo que parecía que las instituciones españolas se les antojaba la encarnación del todopoderoso, tiránico, caprichoso, iracundo y sanguinario padre (urvater) de la horda primitiva. El Sr. López Tena recordó que el Sr. Millet no estaba en la cárcel, a diferencia de muchos personajes españoles; mientras que el profesor Defez sostuvo que en una Catalunya independiente habría buenos y malos, chorizos y corruptos. Ideas de Perogrullo, dijo un oyente. Y, en realidad, esas fueron algunas de sus aportaciones, casi diría yo las fundamentales, al acto. Quizá todo se deba al "narcisismo de las pequeñas diferencias" del que hablaba Freud, donde las diferencias son pequeñas, aunque la fenomenología haga creer que no es así, diferencias que se dirimen en base al común narcisismo de las partes, lo que lleva a la lucha de muerte Yo a Yo. (Al extremo que el orgullo hace sostener, "Yo pago a los de casa aunque me roben, con tal de no dar la razón a los que me roban desde fuera."

La transgresora e imaginaria reflexión política de la que se hacía gala como la mejor aportación/respuesta al procés polític a Catalunya, hizo pensar que alguien pretendía hacerse un nombre para su/la historia; pero también que se pretendía tapar, por ignorancia y/o ideología, el afaire de algunos políticos catalanes, que me merecen, como lo he expresado en repetidas ocasiones, la más absoluta reprobación. 

En realidad, aquella tarde se escucharon cosas que habitualmente se organizan para la reafirmación de la identidad, que al mismo tiempo que da consistencia imaginaria al Otro que habita al sujeto (nombre lacaniano de lo inconsciente freudiano), denuncia un anhelo narcisista. Por otra parte, en pleno auge de la globalización, en un momento en que si alguien no lo remedia la historia de las ideas, también las políticas, con sus más de dos mil años de existencia, en España está a punto de ser despachada, y porque nos encontramos a un paso de una suerte de declive social y político (léase, Ley de Seguridad Ciudadana, ley que parece ir más allá de ese factor común en las sociedades democráticas que es la pérdida de libertad a favor de la seguridad), las tesis del clasicismo revolucionario e ir a la cárcel por saltarse la ley no parecen las mejores opciones para poner fin a la corrupción imperante en todos los estamentos de poder, así como a los abusos de todo tipo de los poderosos y, en fin, a la más que nunca necesaria regeneración de la democracia.

He sabido que entre las personas que asistieron al acto -que como he apuntado estuvo huérfano de una argumentación políticamente rigurosa y no libre de afecto sobre la soberanía catalana-, no eran pocos los que pensaron que el deseo de obviar los problemas de la democracia y la incidencia de lo humano en la política, más que un anhelo legítimo de libertad y de alcanzar cotas más altas en lo económico, moral, político y cultural para Catalunya, denunciaba la malsana estrategia política del paso del tiempo. Y hay quien pensó en una identificación/asunción de aspectos no del todo santos del Estado Español. ¿Quien sabe si entre los que defiende la soberanía están los impelidos por un obsceno e incestuoso afán de gozar de lo que ellos piensan que posee y goza el urvater-Estado Español).

Adelantaré que esas consideraciones tal vez que no pueden aplicarse a aquellos otros catalanes que se perpetuan en otra vertiente morbosa del goce como es el masoquismo moral. Este masoquismo es el que caracterizaría al hijo bueno, demasiado bueno, "Bon jan i amb seny", y cuyo comportamiento está frecuentemente determinado por un sentimiento de culpabilidad inconsciente, o si se desea por tener mala conciencia para oponerse al padre-Estado Español, según una expresión común.

Sea como fuere, el alegato a la libertad y el horror a que el Yo no sea amo en su propia casa, quizá responda y encubra al mismo tiempo la pena que genera la estructural herida narcisística del ser y, por ende, el deseo de repararla, deseo que, no hay que olvidar, tiende al goce, a la completud que supuestamente resolvería toda insatisfacción, duda y malestar. La denominada erótica del poder, o si se prefiere, la libido puesta al servicio de lo político, constituye una suerte de consolación de lo Real del goce, esto es, del goce absoluto e imposible para el sujeto humano.   

Pero entonces ¿cómo viven la pulsión oral, escópica, invocante y/o genital, los poderosos y los que no lo son? Las caras del goce son muchas y paradójicas; y es igualmente conocido que para bien o para mal la democracia permite gozar de muchos de los objetos que hace apenas 40 años sólo podían gozar los ricos y los poderosos. Ahora bien, el capitalismo salvaje, y su sugestivo y no pocas veces engañoso mercado, juega en ese asunto un papel crucial. Piénsese en China, en Japon, en..., donde a una multitud que crece por momentos se les ha hecho creer que pueden sofocar su insatisfacción y sus síntomas con la intromisión superyoica en sus vidas de internet y/o twitter. Sea como fuere, el morboso y aprovechado deseo del discurso Capitalista, que da lugar habitualmente a la degración intelectual y ética de la gente, no debe hacernos olvidar que si bien el Otro social es malo, el sujeto postmoderno no es por ello menos responsable de lo que el mercado sugestivamente le ofrece para que olvide su malestar.


EL OBJETO PETIT a, EL DESEO, EL GOCE, LOS DISTINTOS MODOS DE GOZAR Y LA CULPA.
Plantearé una de las cuestiones que quería presentar aquella tarde. Se trata de si los conceptos psicoanalíticos de objeto petit a, deseo, goce y culpa inconsciente pueden aportar alguna luz a la idiosincrasia del pueblo catalán y, por extensión, a uno de los aspectos del procés polític a Catalunya. Una introducción a esta cuestión requiere pequeño andamiaje teórico, sobremanera para las personas que no están familiarizadas con el psicoanálisis.

¿Qué hay que entender por objeto petit a? El objeto petit a constituye una de las grandes aportaciones de Lacan al psicoanálisis. La primera característica a destacar es que es algo así como el agalma para los antiguos griegos y, por lo mismo, se trata del objeto más preciado para el sujeto humano; y, por otra parte, cabe destacar que no es un objeto de la realidad.   

Lacan lo incorporó a los elementos que conforman su álgebra. Es más, el objeto petit a (o simplemente objeto a minúscula) es una de las siglas con las que este renombrado psicoanalista francés intentó reducir a la mínima expresión lo imaginario y, por lo tanto, los equívocos que el lenguaje introduce en muchos asuntos, también en la disciplina psicoanálitica. En realidad, lo que hace Lacan es formalizar con el objeto a un conocimiento freudiano, algo que sabía Freud, como es el goce que experimenta el cachorro humano en brazos de su madre, saber clínico al que el primer psicoanalista se refiere con la expresión "primera experiencia de satisfacción". Lacan, como acabo de apuntar, se propuso con la formulación de tan gozosa experiencia infantil disipar malentendidos y aclarar algunos descubrimientos psicoanalíticos y de otras disciplinas. (Es un hecho constatable que la formulación y matematización lacaniana ha demostrado una extraordinaria potencia al dar una nueva y original luz a muchas cuestiones fenomenológicas, que, de no haber sido por esa formalización, estarían sujetas a arbitrarias suposiciones).

Interesaría saber ¿dónde se encuentra el objeto a? El objeto a, como he indicado, no pertenece a la realidad, no es, como decimos los psicoanalistas, especularizable. De ahí la pregunta por su existencia. Sí, existió. Ahora bien, existió en tanto que el objeto a designa un goce primigenio y mítico, el goce de "la primera experiencia de satisfacción". Experiencia narcisista donde las haya, de completud absoluta, donde uno (infans) era parte y pertenecía al otro (mamá). Se trata de una relación/vinculación que agrada tanto como es añorada por los filósofos panteístas, los budistas y los terapéutas cuánticos, entre otros individuos que desconocen los fundamentos subjetivos de sus disciplinas. El goce, en fin, es el una relación tan especial como fue aquella en la dos eran Uno, donde el infans y la mamá se confundían/disolvían en un acogedor abrazo, en el que uno fue acariciado por una dulce voz, y, por supuesto, en la que se renovaba el deleite que de la fuente de toda satisfacción para la pulsión oral que era una parte de mamá: su dulce y reconfortante pecho.

Del mismo modo que el objeto a designa un goce mítico y primigenio, ese objeto y su goce, relativo a la "primera experiencia de satisfacción", están para muchas personas perdidos para siempre. (Objeto en tanto que es primer paternaire del sujeto humano, o sea, del infans, del niño que todavía no habla).

Se impone entonces una pregunta, ¿por qué razón ese objeto de máximo goce y, por ende, la relación con el otro primigenio, lo perdimos para siempre? La persona de la que dependió por entero nuestra vida, a la que estábamos felizmente alienados, la perdimos merced a una función que la extrajo del Otro -el Otro con mayúscula es el nombre lacaniano de lo Inconsciente freudiano-, o si se prefiere la perdimos gracias a la operación separadora, normativizante y socializadora que en psicoanálisis responde al nombre de Función-del-Padre.

¿Y qué se nos ofreció a cambio, o sea, que implica la Función-del-Padre, función que es necesario que ejerza el padre o quien lo represente, más alla del sexo biológico? La Función-del-Padre nos castra simbólicamente. Castrar simbólicamente quiere decir que separa nuestra libido (energía del deseo) del objeto de goce que es el objeto a que encarnó nuestra madre. ¿Y después qué? Gracias a esa función podemos acceder a los objetos del deseo. Es decir, por la Función-del-Padre salimos del ámbito del goce (somos desde entonces menos-goce) y creemos/accedemos en/a otra mujer como objeto de deseo, por ejemplo.
(El psicoanálisis diferencia pues el goce del deseo. El deseo sólo puede gozar de los objetos imaginarios del goce, o sea, de una suerte de plus-de-goce del objeto de goce).

Todo indica que perder el objeto a no es algo de lo que tengamos que arrepentirnos. Efectivamente. Perder el objeto a es necesario, aunque sin duda esa pérdida es dolorosa. Se trata de una pérdida necesaria porque estar apegados/alienados/atrapados/ a él nos haría menos autónomos. Pero, además, las personas que no han perdido el objeto a sufren los síntomas de las neurosis, desde la angustia hasta las adicciones pasando los trastornos llamados de la alimentación; y cuando esa necesaria castración/falta llega a faltar totalmente, acontece la desorientación, la despersonalización, el delirio y las alucinaciones que caracterizan a las psicosis. Dicho de otra manera, cuando la falta (del objeto a) llega a faltar (no ha sido extraido del Otro que nos habita) aparece el miedo paranoicos, se apelmazan las palabras o surgen en irrefrenable cascada, uno es presa de todo tipo de cábalas y susceptibilidades y/o se agarrota el cuerpo. (La pérdida del objeto primario de la pulsión y del amor que es el objeto a fue uno de los grandes descubrimientos etiológicos de Freud, y su pérdida/extracción del Otro que nos habita merced a la Función-del-Padre en la temprana edad del complejo de Edipo, y en mucho menor medida a la genética, los neurotransmisores y la educación, es la condición fundamental y esencial de la salud psíquica).

Pero ya de entrada, también en este asunto, existe un problema. Así es porque la necesaria pérdida del objeto a en ningún caso es absoluta: el padre (o quien ejerza la función de castración simbólica/separación del objeto a), nunca opera absolutamente esa función que tiene encomenda desde los orígenes de la cultura.

¿Mas que implica que el padre sea estructuralmente impotente respecto a su función respecto al deseo y al goce. Que la Función-del-Padre no sea absoluta implica que el sepultamiento en la psique de los hijos de la aspiración a encontrar/poseer/gozar del objeto a tampoco es absoluta, y dado que no es absoluta hace creer que ese objeto existe en la realidad e impele a buscarlo. Así pues, la consecuencia fundamental de la impotencia estructural de la Función-del-Padre es la de dejar la puerta abierta al morboso anhelo de encontrar el objeto de goce. En definitiva, incluso en el mejor de los casos, el hijo del hombre anhela el goce mítico que perdió en su primera infancia, goce al que Freud se refería con la mencionada expresión "primera experiencia de satisfacción". (La auténtica y genuina aspiración del hombre es recuperar el erotismo del abrazo materno y la narcisística omnipotencia de cuando era un infans).

He ahí la razón por la que el sujeto humano es un ser esencialmente añorante -y no hay motivos para pensar que el político sea diferente, más bien la historia nos habla de todo lo contrario-. Pero ¿qué añora? Sin duda no pocos el goce-Todo, lo que quiere decir que añoran también la omnipotencia del niño de teta, como habitualmente se dice.

Los humanos no sólo somos seres añorantes, sino también un poco estúpidos. Lo somos, al menos, porque deseamos lo imposible. Desear lo imposible no es algo realista, contrariamente a lo que daban a leer algunos eslogáns en el Mayo del 68; una idea y/o sentimiento que hizo suyo el presidente de la CUP, David Fernàndez, en la investidura de Artur Mas como president del Parlament Catalán, el 23 de diciembre de 2010. Así es porque el objeto a, la mamá (La mujer, la primera de todas), como he apuntado, está perdida/prohibida para quien el padre ha cumplido la función que tiene encomendada desde los orígenes de la civilización). Esa primera y gran pérdida/prohibición es la causa del insaciable hambre de nuevos objetos que caracteriza al sujeto humano. (Es evidente que hay algo en el deseo que interesa al capitalismo).

En efecto, ¿qué podemos encontrar si el objeto a y el goce-Todo que le es inherente están perdidos para siempre? Únicamente podemos encontrar suplencias, gadgets y letosas, en palabras de Lacan, del objeto a. ¿Dónde? La cultura es el gran mercado de suplencias del objeto a, de suplencias creadas por los hombres de todas la épocas con el intento inconsciente de reparar el dolor por el perdido objeto de goce, de un goce, que, como he recordado, experimentamos en la primera infancia y del que nuestros malestares cotidianos nos recuerdan/hacen creer que realmente existió. En resumen, los objetos que oferta el mercado de la cultura, desde el móvil hasta el deporte pasando por los principios y propuestas de muchas disciplinas académicas, obviamente las religiones y la ética filosófica, tanto como el dinero, el poder y la fama, no son otra cosa que objetos imaginarios del deseo, suplencias del mítico objeto de goce-Todo. Esto es algo que desconocen muchos eruditos (El Otro/Inconsciente con el apoyo del sugestivo Otro social, por depender del primero, da a pensar que el objeto a existe a quien no se quiere incauto). Algunas personas, a veces de un modo desesperado, intentan encontrar el objeto a, y no son pocas las imputadas o ya entre rejas por haber pensado que lo habían localizado en un objeto real o imaginado.

El deseo desea el goce perdido, que es tanto como decir que la pérdida que pone a trabajar al hombre. ¿Qué habría que decir entonces de la creación, del acto creativo? Las producciones culturales son la consecuencia lógica de lo que acabo de apuntar, y, además, una consecuencia siempre fallida respecto al objeto de máximo goce. Dicho de otro modo: las producciones/creaciones que conforman una parte no menor de la cultura constituyen intentos imaginarios de los hombres de todas la época de curar la insatisfacción que produce la pérdida del objeto a: a → i(a). Freud habló de esta cuestión en textos como El malestar en la cultura, 1930, por lo que recomiendo su lectura, aunque se puede caer en una interpretación sociológica y trivial de ese texto sino se disponen de los conceptos adecuados para su lectura. Resumiendo, la pérdida del objeto a produce malestar y lo perentorio del deseo tiene entre sus objetivos fundamentales paliar ese malestar-insatisfacción; mientras que lo encontrado, esto es, la cura de la insatisfacción del deseo mediante las suplencias del objeto a, i(a), no sofoca casi nunca el malestar-insatisfacción que produjo la pérdida del goce infantil, y cuando lo hace es en no pocas ocasiones a cargo de la inteligencia, la moral y aun la dignidad de las personas.

Tal es la razón de la vorágine del deseo, la causa de la repetición sintomática, el origen del incesante "neguit" y, en fin, de la perpetua insatisfacción del ser humano. Y es que como acabo de decir, desde el instante de la pérdida del objeto a, este objeto nos pone a trabajar contra el malestar que él mismo genera; y la curación mediante lo que el mercado nos ofrece suele ser incluso peor que la enfermedad, como habitualmente se dice.

Somos seres carentes de goce, valga decir en menos goce, una consecuencia, si se prefiere, del goce perdido. Ligados para siempre al deseo, a la culpa, a la inhibición y a la transgresión, siendo en este último caso donde el "hacerse el hombre" resulta más evidente. Así es en los agraciados por la castración simbólica ejercida en la primera infancia por la Función-del-Padre. Y es que con ese menos goce, hacemos lo que podemos. En realidad, lo que hacemos son síntomas, o sea, malestar, cultura, política..., que son los más generalizado.

¿Y el psicoanálisis, es también un síntoma? Sí, en efecto, es un síntoma, pero un síntoma de la cultura en general, o sea, de lo que no va en la cultura respecto a la salud psíquica y de otros aspectos que la dignidad del sujeto humano se merece.

Pero si es así ¿qué desconoce el sujeto humano, o mejor, qué es lo de lo que no desea ni oír hablar? Se constató en el acto que estoy comentando que pocos de los asistentes nada querían saber de lo que explicita el mito de las Danaides y aún la maldición de Sísifo: No se puede llenar el vacío de la fundamental ausencia. Pero los hombres de todas las épocas y condición han querido imaginar el objeto a encarnado en objetos de la realidad o transcendentes, objetos que van desde la causa incausada, el demiurgo o el Grial, hasta el sacrifical comportamiento que exigen los dioses de las religiones del Libro, pasando por la comunión mística con el Otro, la unicidad de los acólitos del budismo, lo cuántico y lo espiritual; mientras que a los individuos de la postmoderna ciudad espectáculo se les antoja encarnado en la fama, el dinero, el poder, pero también en un modelo político. Ocurrió con el marxismo y el maoísmo, y después con esa suerte de cura imaginaria para los abusos totalitarios de esas ideologías que fue el neoliberalismo, un proyecto político del que el politicólogo estadounidense Francis Fukuyama ve lo mejor que nos ha podido ocurrir, hasta el extremo que afirma que no hay que buscar un proyecto de reemplazo por ser el neoliberalismo el mejor de cuantos de pudiesen concebir. Disciplinas, proyectos políticos e ideologías, fundamentadas en la ética del Bien Supermo y en los Ideales, no son sino curas imaginarias para el sujeto-en-menos-goce. El goce adulterado que ofrecen lo denuncian conceptos y expresiones como completud, absoluto, unicidad, emancipación. Estos y otros conceptos y expresiones pretenden encubrir la morbosa aspiración de un número no menor de discursos que conforman lo que se llama cultura, y cuyos agentes se presentan casi sin excepción con la pátina del más afable y conciliador de los humanistas. Cierto es que algunos de esos individuos nada saben de lo que se treen entre manos, mas la ignorancia de su deseo inconsciente, también en esta ocasión, no disculpa sus ilusorias y habitualmente lesivas ideas.

Resumiendo, dado que el objeto a está perdido para siempre, la añoranza eterna del sujeto humano únicamente puede tener como recompensa el placer que proporciona un objeto de la realidad y/o a una idea (ideal). Y por otra parte, ese goce, o más exactamente el plus-de-goce -lo que al sujeto humano le está permitido gozar- puede experimentarse de muy diferentes maneras. Tanto es así que el goce puede experimentarse con el dolor propio, así como al provocar dolor al prójimo; y es conocido que algunos individuos gozan de lo que para otros sería obsceno, abyecto y displacentero. Evidencia de lo cual es el masoquismo sexual, así como el masoquismo moral y, en suma, gozar transgrediendo las leyes y o en la sumisión a las mismas. Es obvio que hombre común y el político pueden ser más o menos infantiles, y gozar siendo sádicos y/o masoquistas, y esto en muy diferentes grados. Por consiguiente, habría que preguntarse cuánto hay de goce y de qué tipo en la corrupción, en los abusos de poder, en la transgresión de las leyes y las posturas sumisas, y, por ende, en todas las actitudes y comportamientos que degradan la democracia, por ejemplo.


EL OBJETO a, EL DESEO, EL GOCE Y LA CULPA EN LA POLÍTICA.
Deseo presentar ahora una introducción -sin entrar en mayores especificaciones, que dejó para otra ocasión- sobre el objeto a, el deseo, el goce, la culpa y la inhibición respecto al procés polític a Catalunya. Como he mencionado, aquella tarde quería debatir dos cuestiones que intentaré esbozar:

1º) Los motivos inconscientes por los que algunos catalanes no desean la independencia, así como las causas igualmente inconscientes que impelen a otras personas a desearla. Por consiguiente, quería introducir en el debate sobre una posible Catalunya independiente la aludida nostalgia del sujeto humano por el goce perdido, y su relación con la culpa inconsciente. Creo aún que esta idea, entre otros aspectos igualmente interesantes, da luz a las diferentes maneras de gozar de las personas implicadas en el procés.

2º) Estaba igualmente interesado en plantear algunas cuestiones concernientes a un asunto que entendía crucial: ¿La independencia de Catalunya es para cambiarlo todo o sólo se trata de un maquillaje para el disfrute de los semblantes del objeto a por unos pocos? Es decir, en la nueva Catalunya se tendría en cuenta tres de los factores que consideró fundamentales:
a) Sin duda todos desearían un país mejor en lo económico, social, cultural y político. Ahora bien, en ese país ¿la oligarquía de partidos quedaría reducida a su mínima expresión, y las listas abiertas y la participación ciudadana, merced a lo que la era tecnológica permite, serían un hecho tan habitual como necesario?
b) ¿En el nuevo país se analizarían los modelos políticos que proponen los eruditos de la filosofía política, pero también lo que el psicoanálisis plantea en ese sentido?
c) Y, por último, pero siempre en primer lugar, ¿en ese país se tendría presente la condición humana y los diferentes modos de gozar de las personas?

En primer lugar, las posiciones políticas parecen estar claras. Pero quizá las razones que las determinan no lo estén tanto. Yo no puedo hablar sino desde lo que la clínica psicoanalítica enseña, razón por la que entiendo que las posiciones políticas encontradas sobre el procés polític a Catalunya tienen que ver con el goce, o más exactamente con las maneras de gozar de las personas implicadas en el mismo.

Veamos. En Catalunya hay personas que desean independizarse sí o sí del Estado Español; otras, como también es conocido, rechazan esa opción, o sea, quieren que Catalunya permanezca como está, aunque desean otro encaje y un mejor trato por parte del Estado Español; mientras que otras personas, como los votantes del PSC, desean cambiar la Constitución para hacer de España un estado federal. (Tampoco estaba excluido del debate el posible pacto entre las dos fuerzas políticas mayoritarias de España, PP y PSOE, para cambiar la Constitución con el fin -según dicen algunos críticos- de acallar de una vez y para siempre toda reivindicación independentista).

¿Qué puede decir el psicoananálisis de esas actitudes sobre el procés polític a Catalunya? Puede decir muchas cosas, pero yo solo haré un esbozo de lo que atañe al deseo y el goce, pues creo que da luz a las diferencias subjetivas respecto a la soberania. Esta perspectiva permite mantener que en Catalunya hay personas que se oponen, si bien en diferentes grados y quizá por distintos motivos, a alcanzar el objeto a, lo Real del goce. Estas personas, que algunos tildan de inmovilistas en tanto que se oponen a la secesión, serían los votantes del PPC., los de Ciutadans., así como los partidarios de la denominada tercera vía, comandada por Josep Antoni Duran i Lleida, secretario general de Convergència i Unió y líder de Unió Democràtica de Catalunya, (aunque últimamente ha dado su apoyo a Convergència); y aquellos que abrazan las tesis federalistas del PSC.

En cuanto a los que quieren independizarse del Estado Español, todo parece indicar que, contrariamente a los llamados inmovilistas, desean el objeto de goce del que suponen que disfruta el padre-Estado Estado. Podría ser así en ERC., ICV-EUiA., CUP., en algunos de los votantes de CiU, y en los simpatizantes de la Assemblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural (organizaciones socioculturales que, según algunos medios, están judicializando a los partidos políticos soberanistas con su hoja de ruta). Estos independentistas podrían afirmar también que los que no quieren independizarse del Estado Español son personas inhibidas y sumisas. Y en esa misma lógica quizá convendrían que los inmovilistas tienen mala conciencia moral, y por ello retroceden ante la posibilidad de arrebatarle al padre-Estado Español su objeto de goce. Los soberanistas podrían sostener asimismo que los inmovilistas, con su sumisión, gozan de una superioridad moral que sólo es imaginaria, pues encubre un goce masoquista y, además, falta de valor moral; mientras que de otros catalanes, los mismos soberanistas podrían afirmar que gozan al ser meros esquiroles. Dando un pequeño paso más:

- Aquellas personas que no se arredran a la hora de transgredir las leyes del padre muerto (leyes encarnadas en la Constitución Española), estarían sujetas a la cara del Superyó que incita al goce, ¡goza, goza! (como recoge la sentencia clásica mata al padre-tirano que detenta el goce-Todo, y posee a tu madre-objeto de máximo goce), siendo así en los partidarios de las tesis de ERC., ICV-EUiA., CUP., y en buena medida CiU.

- Mientras que la actitud de los que acatan las leyes del padre muerto (Constitución Española), los llamados catalanes buenos, inmovilistas e inhibidos, estaría determinada por un imperativo superyoico que les soplaría al oído algo así como "olvida el deseo de matar al padre y no te quemarás en lo Real del goce por transgredir la ley que prohibe acostarte con mamá"); sería así en los partidarios del proyecto del PPC., Ciutadans., UDC., y PSC. (Los llamados inmovilistas siguirían así la tradición de las más antigua e importante de las civilizaciones, la egipcia, una cultura que a partir de la segunda mitad del III milenio antes de nuestra era se propuso algo que consiguió: No ir más allá del padre).

Sabemos que las personas gozan de muy distintas maneras. Ello trae a colación una idea de Freud, quien, como se conoce, incluía a la política entre las tres profesiones imposibles, idea que recoge la expresión "narcisismo de las pequeñas diferencias", pero también la lógica del no-Todo goce en Lacan. Los inmovilistas serían los que oponen a la lógica de lo ilimitado del goce, a la lógica del Todo. Pues la lógica del Todo, del goce-Todo, es la que parecen seguir los que desean obturar con un objeto o un ideal la carencia ontológica del ser. En otros términos y dando un pequeño paso en esa dirección, las personas que no quieren una Catalunya independiente, son las que gozarían del No-Todo goce, que tal como lo contemplamos los psicoanalistas, estaría del lado de lo femenino, pues no desean luchar contra el padre sino, por el contrario, en muchos casos el amor del padre. (Sin embargo, quizá en su fuero interno, al menos en algunas de las personas que no desean matar al padre, esperan mejor oportunidad para poder gozar de lo que se supone que él goza, y mientras tanto gozan de la sumisión). Estas personas serían también las que se complacen/gozan “Haciendo la puta y la Ramoneta”, al demorarse en el “Sí pero no”, o en el “Sólo un poquito nada más, solamente un poquito”, o bien "al marear la perdiz". En fin, los llamados catalanes buenos, que postergan como el neurótico obsesivo la culminación del deseo, que ponen palos a las ruedas al anhelo independentista, serían personas que pueden tener valores loables pero que les falta valor. Una variante de estas personas, serían los que afirman querer gestionar de otra manera, no traumática, la relación con el padre-Estado Español, actitud que a los ojos de los valientes transgresores, denunciaría también un espíritu masoquista y aun sacrifical ante la omnipotencia tiránica del padre. (Me permito recordar que ante el poder omnímodo del padre-urvater, el hijo tiene algunas salidas: hacerse el tonto, con lo que imagina que no será devorado por el urvater; adoptar una actitud masoquista, siendo la sumisión un conjuro contra el furor y el capricho del padre; la vigilancia perpetua y el estrés que comporta el miedo paranoico; o escapar del poder del padre poniendo pies en polvorosa, como habitualmente se dice).

En resumen, una de las ideas que quería plantear sobre el procés polític a Catalunya concierne a un aspecto común y una diferencia respecto al deseo y al goce inconscientes. Se trata de que entre los llamados catalanes buenos e inhibidos, como acabo de indicar, quizá habrá quien espere mejor ocasión para matar al padre y/o hacerse con lo que supone que goza. Mientras que otros vendrían a demostrar con su determinación, para algunos errática, la diversidad de los modos de gozar, y que el deseo no es imposible, como parece que quiere demostrar los inmovilistas. Y, en realidad, el sujeto humano puede gozar haciéndose "el ronso" a la hora de romper con Castilla, y, por lo mismo, de abandonar a su suerte el padre-Estado español. Que eso sea signo de alguna patología, es algo que sólo el diván lo diría.

Es innegable que algunas ideas expresadas aquella noche por parte de los partidarios de la ruptura sí o sí con el padre-Estado Español, hicieron pensar a más de uno que aquel deseo apuntaba a ocupar el lugar que ocupa el padre. En fin, pasar de la impotencia a la potencia que está en el origen de todas las contiendas, de todas las luchas Yo a Yo y presididas, por tanto, por el narcisismo. Mientras que otros asistentes al acto, según leo en los correos que he recibido, pensaron que la insulsa y masoquista consideración de “Mejor que te jodan los de casa que los de fuera”, sólo la pueden sostener personajes despistados en la urbe con marcados rasgos masoquistas y una descomunal carga ideológica. Alguien dijo que habría que preguntar a aquel que se queda en la calle porque su hermano se ha quedado con el piso y el dinero de sus padres; en tales casos, como en otros parecidos, hay pleitos y, en ocasiones, tiros, como suele decirse. Y tampoco es mejor la consideración de "Que te robe uno es mejor que te roben dos", ya que, entre otras cosas, el uno te puede robar por partida doble.

Casi sin excepción se nos ha reprochado, a Lluís a mí, haber sido demasiado laxos en el dejar hacer. Haber permitido, llevados por una excesiva prudencia dada nuestra calidad de anfitriones, que el político transgresor y el reservado filósofo, gozasen de sus trivialidades, y gozasen, por lo mismo, del público que asistió al acto. Esa laxitud, ciertamente, fue en detrimento de los asistentes al acto, de aquellos que esperaban algo más y mejor que un mitin político a la vieja usanza. (Llena la sala, con gente de pie y sentada en el suelo…, sólo cabe pedir disculpas).

No obstante, y pese a que no pude desarrollar la segunda parte de mi exposición (esto es, la relación de los proyectos emancipadores de la filosofía política con la propuesta lacaniana para la política y con el procés polític a Catalunya; así como las fórmulas de Lacan “El inconsciente es la política”, “La revolución es aquello que siempre va al mismo lugar”, el concepto de imposibilidad en el marco de la lógica del No-Todo, lógica que supera y deja obsoleto al binomio impotencia – potencia de la política clásica; y el “discurso Capitalista”); creo que quedó clara al menos una idea como es la importancia de la condición psíquica de las personas respecto al deseo, al goce y, por ende, en la toma de decisiones y en el modo de hacer política. Lo pude plantear al referirme a las personas con responsabilidad política, ya que sus decisiones no son ajenas a la subjetividad, la cual es notorio en las leyes, la economía, lo social y en la cultura de un país, y tanto más lo puede ser cuando los líderes tienen mayoría absoluta en las cámaras. En resumen y ya para concluir este breve apunte, creo que pude presentar mi criterio de la posibilidad de excluir en la medida de lo posible la sumisión masoquista y la oposición radical por cuestiones partidistas; y, por otra parte, que en el ámbito de la cultura es exigible algo más y diferente a la xarrameca ideológica y aprovechada, aspecto éste que siendo cada día más frecuentes, son también cada vez más lesivos para la inteligencia y para la ética de los estudiantes y de cuantas personas se interesan o les afectan las cuestiones que ese día nos convocaban.

Recién el día 12 de diciembre de este año hemos conocido que CiU, ERC, Iniciativa y CUP (que suman 88 diputados de 135) han pactado el texto de una doble pregunta que prevén hacer a los catalanes en la llamada consulta soberanista -pregunta que pretenden inclusiva, esto es, que no deje de lado ningúna fuerza política, y que aunque puede ser así está lejos de ser clara y binaria-, cuya fecha fijan para el 9 de noviembre de 2014: "¿Quiere usted que Cataluña sea un Estado?", dice la primera. En caso afirmativo, "¿Quiere que sea un Estado independiente?"   

La pregunta y la fecha no cambia nada de lo que he presentado hasta aquí. Por diferentes razones, el deseo, el goce, la ética y la culpa, factores comunes y de un peso no menor en la vida social y política, serán convocados a nuevos debates, y sin duda más allá del 9 de noviembre de 2014.  

 

Con mis más cordiales saludos, José Miguel Pueyo.

 

Girona, 29 de noviembre de 2013.


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