lunes, 9 de junio de 2014

Divagaciones del biólogo David Bueno sobre las virtudes eudemónicas y las causas neurológicas de la depresión


En («Hedonismo, bienestar y depresión». El Punt Avui. Martes, 20 de mayo de 2014., p. 25), el profesor de genética y divulgador de la ciencia David Bueno, presenta una encomiada glosa de la moral eudemónica, que este investigador de la Universidad de Barcelona pretende fundamentar en algunos descubrimientos de las neurociencias, y al mismo tiempo que obvia la realidad sobre este asunto, social, económica y/o política, hace de la moralina filosófica y de la identificación ideológica la terapia de elección de la depresión, a la espera, sin duda, de un nuevo fármaco para erradicar incluso el malestar del hombre en la cultura.

 
 
David Bueno


El M.Hbl. Jordi Pujol, referencia de las virtudes eudemónicas
Recuerda el profesor Bueno que la moral eudemónica, en la corriente aristotélica que rescata del acervo filosófico, concierne al placer y al bienestar que obtienen algunas personas mediante un sentimiento de utilidad y con un objetivo vital social, no únicamente individual. De ahí que el comportamiento eudemónico sea el contrapunto, desde aquella lejana época, de otra de las formas fundamentales de lograr placer, como es la hedonista, pues las personas hedonistas hacen del placer personal la razón principal de la vida, y suelen ser individualistas.

Alguien podría pensar que el profesor Bueno persigue algún beneficio del político, en esta ocasión del Sr. Jordi Pujol. Mas a mí se me antoja que falla en su propósito. Al menos podría ser así porque ¿qué puede pensar el expresidente de la Generalitat de Catalunya al enterarse de que Bueno lo menciona en una idea tan conocida como repetida por muchos críticos de la cultura! Así es en razón de que Jordi Pujol expresó su disgusto, como el mismo Bueno apunta, porque desde mediados del 1970 y de la mano de fortalecimiento del estado de bienestar habíamos entrado en una etapa hedonista, en la que «el placer, y no el propósito de una sociedad mejor y más justa y el esfuerzo que eso reclama [… se había convertido] en la razón principal de la vida.»


Una sociedad con tendencias hedonistas puede favorecer a la depresión y, en general, a que el grado de bienestar de los adolescentes sea menor
He ahí la tesis, por extraño que pueda parecer, que se propone defender el profesor Bueno. Lo pueril de la misma, el manido recurso del condicional y aún el ideológico del cambio de modelo educativo («puede favorecer», puede influir negativamente en los adolescente), sólo es disculpable cuando se reconoce en este genetista a un divulgador de la ciencia, como él se presenta, pues nada obliga al divulgador de la ciencia tener rigor científico, o sea, epistemológico y ético.

La tesis del profesor Bueno se concreta en una ecuación causal que recoge su peculiar visión de las neurociencias: la moral hedonista da lugar en muchos casos a la depresión y aun al suicidio entre los adolescentes. El aval científico de Bueno, según indica él mismo, es el siguiente: «Un trabajo que se acaba de publicar en la revista PNAS sugiere que estos dos hechos, hedonismo social y depresión en los adolescentes, podrían estar conectados». Es decir, el fundamento neurocientífico que presenta este profesor e investigador de la Universidad de Barcelona es «un trabajo», un solo trabajo, y además en ese trabajo sólo presenta «una sugerencia» sobre el asunto en cuestión.


De la imprecisa fundamentación de las causas neurológicas de la depresión
La competencia antidivulgativa del profesor Bueno queda demostrada en la explicación que proporciona de los resultados del aludido trabajo de investigación: «Se ha visto –dice- que, en adolescentes, el patrón de activación neuronal durante la manifestación de comportamientos hedonistas o alternativamente eudemónicos de un área concreta del cerebro -el núcleo estriado ventral- implicada en las funciones ejecutivas permite predecir su predisposición a manifestar síntomas depresivos.»

Como se habrá advertido, al divulgador de la ciencia que es el profesor Bueno no le interesa en absoluto presentar qué cambios específicos se han constatado en el núcleo estriado ventral del cerebro cuando una persona obtiene placer al modo hedonista o, por el contario, a la manera eudemónica.

Pero la elisión epistemológica no va sola. El hurto de los cambios observados en el núcleo estriado ventral en los dos modos apuntados de la obtención de placer, se acompaña de una petulancia predictiva que podría disculparse de no verse envuelta, como me hace observar un amigo mío, por el tipo de moral de lo políticamente correcto, ajena, también, al proceder que se espera de un científico: «… un carácter eudemónico o manifestar comportamientos más eudemónicos -afirma Bueno- ofrece una cierta protección contra la depresión, y se ha visto también que es correlativa con una autoestima más elevada, unos niveles de angustia y de la ansiedad más bajos, mas sentimientos de felicidad y más motivación personal.»


Desinterés clínico
Tampoco la clínica es un factor de interés para el profesor Bueno. A la omisión de la estructura subjetiva de los adolescentes, añade el descuido del diagnóstico diferencial. Baste indicar aquí que a los padres les preocupa sobremanera el aburrimiento de sus hijos en edad infantil y en la adolescencia, preocupación que favorece el consumo y, por ende, verifica el sentido del pseudiscurso capitalista, tal como lo planteó Jacques Lacan en el año 1971. Es así porque en los nuevos objetos, los tecnológicos en particular, algunos padres, no pocos en realidad, ven un remedio adecuado, eficaz y aun inmediato contra ese mal. En realidad, hoy en día y respecto a esas épocas de la vida, los objetos para el entretenimiento que propone el capitalismo, en detrimento del juego tradicional y el interés por la cultura y su análisis, se han constituido en un recurso contra los berrinches, el sentimiento de soledad, la lasitud en los estudios, y también para evitar la vida comunal y muchas veces marginal fuera de núcleo familiar, la tristeza y la depresión de niños y adolescentes. Éstos síntomas son frecuentemente la respuesta del niño y del adolescente al divorcio de sus padres, a la configuración de una nueva familia, a las disputas entre los progenitores, a las mudanzas, pero también al fracaso respecto a lo real de la sexualidad, que se juega con angustia, inhibición, así como con el caudillaje transgresor que oxigenan los grupos expuestos al vandalismo y a la extorsión. En la edad adulta, los cambios y las pérdidas también están en la causa de muchos fenómenos y síntomas, pero no son equiparables. En la edad adulta, ya no es tanto el estrés de los cambios y la inmediatez de lo deseado, menos aún la huída por las razones aludidas, sino sobre todo la frustración que genera el fracaso de los proyectos y las expectativas, de cualquier tipo y casi siempre a medio o largo plazo, lo que da lugar a síntomas coyunturales o a despertar déficit estructurales, y de ahí, en ambos casos, la tristeza, la depresión, el arrebato y/o la violencia, por consiguiente los fenómenos del acting out y del pasaje al acto en sus diversas modalidades, entre ellas el suicidio como aspiración pulsional al reposo eterno de la muerte.


Ideología terapéutica e insulsa moralina
Bueno explica que en el sujeto humano hay «tendencias innatas que no se pueden ignorar». ¿A qué tendencias se refiere este profesor de genética? No habla de las pulsiones primarias, a las que sin duda tendría que referirse. Sin duda tendría que haber hablado de las pulsiones, no así si desconoce que existen; y omite asimismo la predisposición de cachorro humano, a diferencia de los otros animales, a hablar un lenguaje diferente radicalmente al de todos los seres vivos conocidos.
El profesor Bueno habla de lo que pretende saber. Pero va errado asimismo en su segunda loa. Se trata ahora de la terapéutica de la depresión, el suicidio, y del malestar en general, terapéutica que quiere individual y social. En lo individual, es la trasnochada terapéutica del aprendizaje que es el cognitivismo conductual; mientras que en lo social, echa mano al recurrido discurso filosófico y político del cambio social: «… la personalidad […] se puede modular con el aprendizaje». Pero también «… vivir en una sociedad con tendencias hedonistas que muchas veces valora la inmediatez como el factor de éxito sobre la cooperación, puede favorecer, a través del funcionamiento del cerebro, que el grado de bienestar de los adolescentes –medidos según la autoestima, la felicidad, la motivación, la angustia y la ansiedad- sea inferior al que tendrían si vivieran en una sociedad eudemónica.»

 La relación entre la filosofía moral y la ciencia neurológica que establece el profesor Bueno, está ideada, quiero pensar por el inconsciente que lo habita, para que el hombre/s no se de/n cuenta de lo que no anda por serlo, por ser hombre, o sea, por la introducción del Verbo en lo real de su ser. Más allá de la está evidencia, evidencia desconocida como todo apunta por el profesor Bueno, es fácil advertir en sus reiteradas aseveraciones una ineludible apuesta por el Yo, por consiguiente del anhelo de reducir al sujeto humano a esa instancia psíquica narcisista. Con ese anhelo, el profesor Bueno sigue la tradición ideológica de salvar al Yo, hecho que, paradójicamente, y esto es otro punto obscuro en el pensamiento de este investigador, reclama amor de un amo, de un Yo que está asimismo impelido a mostrar su odio al prójimo, y que persiste en su ignorancia de esas pasiones tanto como de que no es amo en su propia casa. Y es que como decía Jacques Lacan «La animalidad no descansa… no hago de ningún tipo de filosofía; desconfío de ella, por el contrario, como la peste.»


Un investigador ajeno a la realidad cultural, social, económica…
No tanto así a lo político, al menos porque además de recordar el Sr. Jordi Pujol, tampoco olvida el informe, publicado este mismo mes de mayo, sobre la epidemiología, alarmante, de la depresión en nuestro país. En cualquier caso, no parece que el profesor Bueno haya considerado suficientemente que a los jóvenes, a los mismos a los que se les pedía esfuerzo como condición para conseguir un trabajo digno, se vean ahora en el amplio sector de los segregados por un sistema aupado por inoperantes, corruptos y desaprensivos políticos.


José Miguel Pueyo

Blanes, 23 de mayo de 2014.

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