martes, 24 de junio de 2014

La luz que ofusca el pensamiento de la doctora Ana María Oliva



No podía empezar peor la profesora en el Instituto en Bioingeniería de Catalunya, –entiende un entrañable amigo de múltiples y aun, en ocasiones, acalorados debates. ¿Por qué?, pregunto con desbordante ingenuidad. ¡Mira que sacar a colación el ama en este asunto!, «Mi célula más vieja tiene cinco años y mi alma es eterna.»


Ana María Oliva

Pase la referencia religiosa –añade mi amigo–, y aunque no seré yo quien haga más estillas del tronco caído, no crees tú –continua– que sólo quien no sepa lo que acontece en este mundo puede concluir que «Si no ves a Dios en todo…, no ves nada». (Mi amigo me acerca una entrevista realizada por Víctor-M. Amela a la doctora Ana María Oliva, «Cada pensamiento cambia tu biocampo electromagnético», La Contra. La Vanguardia. Jueves, 19 de junio de 2014, y su lectura me permite coincidir con su análisis. Añade mi amigo que no espere nada mejor del libro objeto de la entrevista, Lo que tu luz dice. Un Viaje desde la Tecnología hacia la Consciencia. Editorial Sirio. Barcelona. 2014. Veremos.)






¿Quién soy?
Todo indica que para la Directora en Instituto Iberoamericano de Bioelectrografía Aplicada, además de Business Partner en Lyoness AG, el aspecto más importante y, por consiguiente, definitorio de la naturaleza humana es la materia, y la materia en tanto energía. Escuchémosla: «Materia es energía, mesurable en frecuencias de ondas, invisibles unas, visibles otras… ¡Luz!»… «Como el universo, somos hologramáticos: cada parte contiene la información del todo.»

Causa sonrojo –apunta mi amigo– tener que recordar que la materia es importante, pero en modo alguno, y tampoco como energía, constituye un factor decisivo y menos definitorio del sujeto humano. No somos fundamentalmente «holo», tampoco «halo», y menos «aura», como imagina la doctora Ana María Oliva.

Siguiendo con lo que es más que un juego de palabras, es dable señalar que si algo somos los sujetos humanos –añade mi amigo– es «gramáticos». ¡Pues que sería del bebé, baste indicarlo así, si se le impidiese aprender a hablar, qué sería el ser humano sin la palabra, sin el lenguaje, tan singular que nos diferencia radicalmente de los otros animales. En fin, que sería de nosotros sin el Otro, sin ese lugar inconsistente por la falta de un significante, o sea, sin el Inconsciente que, como ámbito psíquico de la palabra y del deseo, determina cuanto hacemos, pensamos y deseamos. Sin el Otro del lenguaje, en el mejor de los casos estaríamos ante el niño salvaje conocido como Víctor de Aveyron.


Niño salvaje, Víctor de Aveyron


Esta doctora en Biomedicina por la Universitat de Barcelona, parece desconocer ese aspecto esencial y fundamental, y necesario también para quien se proponga decir algo congruente y cierto acerca del sujeto humano. Es más, hace suyas, –no sé si es consciente de ello–, algunas tesis filosóficomorales antiquísimas, trasnochadas y, conforme a la malsana tendencia al goce de los seres humanos, resucitadas por los acólitos de la espiritualidad, grupo de iluminados entre los que contabilizan algunos físicos cuánticos. Ninguno de ellos muestra conocer al griego Pitágoras de Samos, y así es también respecto al celebérrimo Platón. Conocerlos significa advertir sus ideas sobre la relación entre el alma individual y el Alma del mundo, siendo aquella, según tan egregios personajes de la cultura, una parte desprendida de esta última. En suma, según el pensamiento especulativo de estos filósofos, no ajeno a un patológico narcisismo y demostrando un inconmensurable horror a la separación del otro que nos hace autónomos, no somos sino una parte del Todo, del Universo.


¿Qué ofrece el campo bioelectromagnético, o con mayor precisión si cabe, qué promete el análisis del aura?
Muchas y ninguna de ellas despreciable. Quien lo asegura es la doctora Ana María Oliva. En su pintoresco modo de ver la realidad sigue de cerca las delirantes conclusiones del director del Instituto de Investigación de la Cultura Física, de San Petersburgo, Konstantin Korotkov, quien creyó haber fotografiado el espíritu o el alma dejando el cuerpo en el instante de la muerte. En realidad, nada hay de místico o transcendental en su experimento, pues se trata de la visualización de descarga de gas (Gas Discharge Visualization), una técnica avanzada de fotografía de Kirlian, método que muestra, en tomos azules, la energía, digámoslo así, que en último suspiro deja el cuerpo.

En primer lugar, a las creencias apuntadas habría que añadir un gravísimo atentado contra la epistemología y la clínica, como es afirmar que el estudio del aura arroja datos diagnósticos incuestionables, «el biocampo corporal… la imagen electrofotónica… [en suma, el aura, dice], vigila tu páncreas, tiroides, colon y aparato urogenital. Y veo triste tu corazón.»

En segundo lugar, la doctora Ana María Oliva sigue a Korotkov en la idea, por demás conocida, de los efectos de algunos alimentos, el agua, las bebidas alcohólicas e incluso los cosméticos, quien llegó a afirmar que el aura de los norteamericanos presenta la negatividad de muchos de los alimentos que consumen. En la crítica a esa cultura tecnológica, Ana María Oliva llega a sostener que «si empuñas un vaso con licor, tu aura se resiente. Si lo bebes, aun más… Sí. El campo energético del licor altera tu biocampo». (Lo que no dice esta doctora es la diferencia que ejerce en el organismo entre el wisky de siete euros la botella y el Glenrothes 16. Se lo preguntaremos, –dice sonriendo mi amigo–, no tanto para dejar el espirituoso licor sino más bien por si tuviera que cambiar de marca.)

Aspecto distinto, por lo que tiene de verdadero, es que la palabra afecta al cuerpo. Los psicoanalistas, desde Freud, lo conocemos y lo observamos a diario en los analizantes. Mientras que apelar al uso de las buenas palabras con la esperanza de que algo cambie, estructuralmente hablando, como asegura Ana María Oliva, hace pensar más en un consejo de tertulia televisiva que en una recomendación con criterio científico. Y, en realidad, qué otra cosa cabe decir cuando uno escucha «Un día, parodiando y burlándome de los que hablan suave, empecé a decir “dime, amor”, “hola, cariño”, “bonito, cielo”… ¡Y…cambié!... “Se dulcificó mi carácter” Ahora llamo a todo el mundo “corazón”… ¡y me hago bien!»

La sugestión mueve montañas. Cierto, pero no es menos que su duración en tan breves como rápidos son sus efectos, y que sus secuelas suelen duplicar al menos el padecimiento originario y siempre la ignorancia. Más siendo uno libre, también es responsable, como no se dice menos, de responder a su malestar con los paliativos que considere oportunos.

Pese a los distales, estamos de acuerdo con la doctora Ana María Oliva en algo que asevera, «Tu sistema de creencias te construye». Y es que a ella, también en este caso, han sido sus creencias las que le han hecho llegar hasta donde ha llegado.

José Miguel Pueyo

Blanes, 22 de junio de 2014

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lunes, 9 de junio de 2014

Divagaciones del biólogo David Bueno sobre las virtudes eudemónicas y las causas neurológicas de la depresión


En («Hedonismo, bienestar y depresión». El Punt Avui. Martes, 20 de mayo de 2014., p. 25), el profesor de genética y divulgador de la ciencia David Bueno, presenta una encomiada glosa de la moral eudemónica, que este investigador de la Universidad de Barcelona pretende fundamentar en algunos descubrimientos de las neurociencias, y al mismo tiempo que obvia la realidad sobre este asunto, social, económica y/o política, hace de la moralina filosófica y de la identificación ideológica la terapia de elección de la depresión, a la espera, sin duda, de un nuevo fármaco para erradicar incluso el malestar del hombre en la cultura.

 
 
David Bueno


El M.Hbl. Jordi Pujol, referencia de las virtudes eudemónicas
Recuerda el profesor Bueno que la moral eudemónica, en la corriente aristotélica que rescata del acervo filosófico, concierne al placer y al bienestar que obtienen algunas personas mediante un sentimiento de utilidad y con un objetivo vital social, no únicamente individual. De ahí que el comportamiento eudemónico sea el contrapunto, desde aquella lejana época, de otra de las formas fundamentales de lograr placer, como es la hedonista, pues las personas hedonistas hacen del placer personal la razón principal de la vida, y suelen ser individualistas.

Alguien podría pensar que el profesor Bueno persigue algún beneficio del político, en esta ocasión del Sr. Jordi Pujol. Mas a mí se me antoja que falla en su propósito. Al menos podría ser así porque ¿qué puede pensar el expresidente de la Generalitat de Catalunya al enterarse de que Bueno lo menciona en una idea tan conocida como repetida por muchos críticos de la cultura! Así es en razón de que Jordi Pujol expresó su disgusto, como el mismo Bueno apunta, porque desde mediados del 1970 y de la mano de fortalecimiento del estado de bienestar habíamos entrado en una etapa hedonista, en la que «el placer, y no el propósito de una sociedad mejor y más justa y el esfuerzo que eso reclama [… se había convertido] en la razón principal de la vida.»


Una sociedad con tendencias hedonistas puede favorecer a la depresión y, en general, a que el grado de bienestar de los adolescentes sea menor
He ahí la tesis, por extraño que pueda parecer, que se propone defender el profesor Bueno. Lo pueril de la misma, el manido recurso del condicional y aún el ideológico del cambio de modelo educativo («puede favorecer», puede influir negativamente en los adolescente), sólo es disculpable cuando se reconoce en este genetista a un divulgador de la ciencia, como él se presenta, pues nada obliga al divulgador de la ciencia tener rigor científico, o sea, epistemológico y ético.

La tesis del profesor Bueno se concreta en una ecuación causal que recoge su peculiar visión de las neurociencias: la moral hedonista da lugar en muchos casos a la depresión y aun al suicidio entre los adolescentes. El aval científico de Bueno, según indica él mismo, es el siguiente: «Un trabajo que se acaba de publicar en la revista PNAS sugiere que estos dos hechos, hedonismo social y depresión en los adolescentes, podrían estar conectados». Es decir, el fundamento neurocientífico que presenta este profesor e investigador de la Universidad de Barcelona es «un trabajo», un solo trabajo, y además en ese trabajo sólo presenta «una sugerencia» sobre el asunto en cuestión.


De la imprecisa fundamentación de las causas neurológicas de la depresión
La competencia antidivulgativa del profesor Bueno queda demostrada en la explicación que proporciona de los resultados del aludido trabajo de investigación: «Se ha visto –dice- que, en adolescentes, el patrón de activación neuronal durante la manifestación de comportamientos hedonistas o alternativamente eudemónicos de un área concreta del cerebro -el núcleo estriado ventral- implicada en las funciones ejecutivas permite predecir su predisposición a manifestar síntomas depresivos.»

Como se habrá advertido, al divulgador de la ciencia que es el profesor Bueno no le interesa en absoluto presentar qué cambios específicos se han constatado en el núcleo estriado ventral del cerebro cuando una persona obtiene placer al modo hedonista o, por el contario, a la manera eudemónica.

Pero la elisión epistemológica no va sola. El hurto de los cambios observados en el núcleo estriado ventral en los dos modos apuntados de la obtención de placer, se acompaña de una petulancia predictiva que podría disculparse de no verse envuelta, como me hace observar un amigo mío, por el tipo de moral de lo políticamente correcto, ajena, también, al proceder que se espera de un científico: «… un carácter eudemónico o manifestar comportamientos más eudemónicos -afirma Bueno- ofrece una cierta protección contra la depresión, y se ha visto también que es correlativa con una autoestima más elevada, unos niveles de angustia y de la ansiedad más bajos, mas sentimientos de felicidad y más motivación personal.»


Desinterés clínico
Tampoco la clínica es un factor de interés para el profesor Bueno. A la omisión de la estructura subjetiva de los adolescentes, añade el descuido del diagnóstico diferencial. Baste indicar aquí que a los padres les preocupa sobremanera el aburrimiento de sus hijos en edad infantil y en la adolescencia, preocupación que favorece el consumo y, por ende, verifica el sentido del pseudiscurso capitalista, tal como lo planteó Jacques Lacan en el año 1971. Es así porque en los nuevos objetos, los tecnológicos en particular, algunos padres, no pocos en realidad, ven un remedio adecuado, eficaz y aun inmediato contra ese mal. En realidad, hoy en día y respecto a esas épocas de la vida, los objetos para el entretenimiento que propone el capitalismo, en detrimento del juego tradicional y el interés por la cultura y su análisis, se han constituido en un recurso contra los berrinches, el sentimiento de soledad, la lasitud en los estudios, y también para evitar la vida comunal y muchas veces marginal fuera de núcleo familiar, la tristeza y la depresión de niños y adolescentes. Éstos síntomas son frecuentemente la respuesta del niño y del adolescente al divorcio de sus padres, a la configuración de una nueva familia, a las disputas entre los progenitores, a las mudanzas, pero también al fracaso respecto a lo real de la sexualidad, que se juega con angustia, inhibición, así como con el caudillaje transgresor que oxigenan los grupos expuestos al vandalismo y a la extorsión. En la edad adulta, los cambios y las pérdidas también están en la causa de muchos fenómenos y síntomas, pero no son equiparables. En la edad adulta, ya no es tanto el estrés de los cambios y la inmediatez de lo deseado, menos aún la huída por las razones aludidas, sino sobre todo la frustración que genera el fracaso de los proyectos y las expectativas, de cualquier tipo y casi siempre a medio o largo plazo, lo que da lugar a síntomas coyunturales o a despertar déficit estructurales, y de ahí, en ambos casos, la tristeza, la depresión, el arrebato y/o la violencia, por consiguiente los fenómenos del acting out y del pasaje al acto en sus diversas modalidades, entre ellas el suicidio como aspiración pulsional al reposo eterno de la muerte.


Ideología terapéutica e insulsa moralina
Bueno explica que en el sujeto humano hay «tendencias innatas que no se pueden ignorar». ¿A qué tendencias se refiere este profesor de genética? No habla de las pulsiones primarias, a las que sin duda tendría que referirse. Sin duda tendría que haber hablado de las pulsiones, no así si desconoce que existen; y omite asimismo la predisposición de cachorro humano, a diferencia de los otros animales, a hablar un lenguaje diferente radicalmente al de todos los seres vivos conocidos.
El profesor Bueno habla de lo que pretende saber. Pero va errado asimismo en su segunda loa. Se trata ahora de la terapéutica de la depresión, el suicidio, y del malestar en general, terapéutica que quiere individual y social. En lo individual, es la trasnochada terapéutica del aprendizaje que es el cognitivismo conductual; mientras que en lo social, echa mano al recurrido discurso filosófico y político del cambio social: «… la personalidad […] se puede modular con el aprendizaje». Pero también «… vivir en una sociedad con tendencias hedonistas que muchas veces valora la inmediatez como el factor de éxito sobre la cooperación, puede favorecer, a través del funcionamiento del cerebro, que el grado de bienestar de los adolescentes –medidos según la autoestima, la felicidad, la motivación, la angustia y la ansiedad- sea inferior al que tendrían si vivieran en una sociedad eudemónica.»

 La relación entre la filosofía moral y la ciencia neurológica que establece el profesor Bueno, está ideada, quiero pensar por el inconsciente que lo habita, para que el hombre/s no se de/n cuenta de lo que no anda por serlo, por ser hombre, o sea, por la introducción del Verbo en lo real de su ser. Más allá de la está evidencia, evidencia desconocida como todo apunta por el profesor Bueno, es fácil advertir en sus reiteradas aseveraciones una ineludible apuesta por el Yo, por consiguiente del anhelo de reducir al sujeto humano a esa instancia psíquica narcisista. Con ese anhelo, el profesor Bueno sigue la tradición ideológica de salvar al Yo, hecho que, paradójicamente, y esto es otro punto obscuro en el pensamiento de este investigador, reclama amor de un amo, de un Yo que está asimismo impelido a mostrar su odio al prójimo, y que persiste en su ignorancia de esas pasiones tanto como de que no es amo en su propia casa. Y es que como decía Jacques Lacan «La animalidad no descansa… no hago de ningún tipo de filosofía; desconfío de ella, por el contrario, como la peste.»


Un investigador ajeno a la realidad cultural, social, económica…
No tanto así a lo político, al menos porque además de recordar el Sr. Jordi Pujol, tampoco olvida el informe, publicado este mismo mes de mayo, sobre la epidemiología, alarmante, de la depresión en nuestro país. En cualquier caso, no parece que el profesor Bueno haya considerado suficientemente que a los jóvenes, a los mismos a los que se les pedía esfuerzo como condición para conseguir un trabajo digno, se vean ahora en el amplio sector de los segregados por un sistema aupado por inoperantes, corruptos y desaprensivos políticos.


José Miguel Pueyo

Blanes, 23 de mayo de 2014.

Teresa Forcades, simplemente


¿Es posible que una monja se complazca con la ideología de la CUP-AE y con régimen bolivariano de Nicolás Maduro?, me comenta, visiblemente contrariado, un amigo. Cosas más extrañas se han visto –le he contestado esperando por su parte alguna aclaración con la que juzgar mejor lo que a primera vista tiene el carácter de la paradoja.



Teresa Forcades


Mi amigo, profesor de Derecho, me explica que se refiere a la monja benedictina Teresa Forcades Vila (1966, Barcelona), quien además de condescender a las ideas de los integrantes, al menos de algunos, de la CUP-AE (Candidatura de Unidad Popular-Alternativa de Izquierdas, en el Parlament de Catalunya), ateos medulares, además de antisistema y anticapitalistas -de quienes Forcades ha dicho que quizá sean los únicos que deberían permanecer en el Parlament de Catalunya una vez conseguida la independencia de la que hasta ahora es una de las Comunidades Autónomas del Estado Español-, se congratula asimismo con el régimen bolivariano de Nicolás Maduro (Caracas, Venezuela, 1962).

Soy de los que opinan que una monja puede hacer lo que desee con su vida. Se me antoja, por ejemplo, que puede fundar un partido político, como lo ha hecho Forcades con el activista social y economista Arcadi Oliveres, (Procés Constituent a Catalunya). También estoy con los que piensa que una monja puede hacer lo que le plazca con su cuerpo, y no soy yo tampoco de los que cuestionan, como acabo de decir, la inmersión en la política de la gente que viste los hábitos. (Allá cada cual con lo que entienda por coherencia y responsabilidad). Además, se conoce, (¿quién no!), aquello de que «El hábito no hace al monje/a». Y aquí todo indica que esta monja de la orden de San Benito, médica y defensora de las orcas, está interesada por posiciones ideológicas afines a la Teología de la Liberación. Y es que quizá Forcades, siguiendo los pasos de otros hombres de religión, entiende que los hombres/hermanos deben echarle una mano, más allá de la oración o junta a ésta, a un Dios-Padre un poco olvidadizo de sus hijos.

Entre las objeciones a Teresa Forcades, destacaré que en su mundo intelectual entra Jacques Lacan; no porque lo cite, obviamente. El hecho es que lo que dice Forcades del genial psicoanalista parisino, además de decepcionante en todos las planos de su habitual verborreico discurso (muy a lo Slavoj Žižek), da la impresión de que ha querido darse un baño de la ciencia del sujeto humano y sus producciones que es el psicoanálisis, y presentarse, por lo mismo, con la pátina postmoderna del mayor representante de esa ciencia después de Freud.

En esa misma línea se encuentra Alfons López Tena, el líder de Solidaritat Catalana per la Indepèndencia, quien fue invitado a una mesa redonda organizada por el Centre d'Estudis Freudians de Girona, el 27 de noviembre de 2013, sobre El Procés Polític a Catalunya, en razón de que en un twitter había declarado que el procés polític a Catalunya no se entendía sin el objeto petit a de Jacques Lacan. La sorpresa y para algunos decepción es que demostró que no sabía que era el objeto a, que tampoco le interesaba la relación del sujeto humano con sus producciones, una de las cuales es la política, y, en fin, que lo único que deseaba era hacer un mero mitin político.

Algo semejante cabe pensar que le ocurrió al secretario general de la CUP-AE, David Fernàndez, en el debate de investidura de Artur Más como President de la Generalitat de Catalunya (21/12/2012). En esta ocasión, al diputado y portavoz de la CUP, formación política simpatizante de Bildu (coalición de ideología independentista vasca) y del BNG (Bloque Nacionalista Gallego), no le informaron que Slavoj Žižek no es ni mucho menos la referencia adecuada para saber qué dijo Lacan de la política. Se comprende, por tanto, el error de lo que ese día dijo David Fernàndez en el Parlament: «Martí i Pol decía que todo es posible ¿no?; y como dice Slavoj Žižek, un filosofo contemporáneo, todo se puede hacer se ha de cambiar por la reflexión más lacaniana: lo imposible pasa.»


Lloret de Mar, febrero de 2014

Limitaciones intelectuales de un filósofo sobre el lenguaje, la naturaleza y las producciones humanas

En «Amb la llengua ens fem; sense la llegua, ens desfem» (Conferencia inaugural del curs de l’Escola Oficial d’Idiomes de Girona, 3 d’octubre de 2012) Josep-Maria Terricabras no muestra otra cosa. 


 
Josep-Maria Terricabras

En primer lugar, la fórmula «Amb la llengua ens fem; sense la llegua, ens desfem», no es suya. El antecedente político en España, que no nombra Terricabras, es el malogrado socialista Ernest Lluc. El 3 de junio de 1999, durante la campaña de las elecciones forales y municipales en Euskal Herria, en plena tregua de ETA, Ernest Lluch, daba un discurso en la plaza de la Constitución de Donostia apoyando al alcalde, candidato y su amigo Odón Elorza. La plaza estaba llena de miembros de la izquierda abertzale y simpatizantes de ETA, boicoteando a Ernest Lluch, pero él les respondió magistralmente. Lluch dijo: «Qué alegría, llegar a esta plaza y ver que los que ahora gritan antes mataban y ahora no matan. Qué alegría, no saben que han cambiado las cosas, no saben que han llegado la libertad y la democracia a este país; que no se enteran. Gritar (sic) más, que gritáis poco. Gritar, porque mientras gritáis no mataréis y es buena señal, porque estas son las primeras elecciones en las que no va a ser asesinado nadie y este es un mensaje de alegría para este país que nos hemos ganado a pulso.»

Sin embargo, que Terricabras no sea original es un mal menor. Sin duda es más grave, por venir de un profesor, que no sepa la limitación académica que implica afirmar sin más «Que ningú s’estranyi, doncs, que no hi hagi pactes abans d’enraonar». Si Terricabras hubiese leído, y comprendido, Tótem y tabú, 1913, sabría que Freud advirtió que «En el principio fue el Acto». ¿Qué acto? El acto criminal, el parricidio primordial del padre de la horda primitiva (urvater) a manos de sus hijos, los mismos que idearon un complot con ese fin criminal en razón de que aquel tiránico, perverso y despiadado padre que les prohibía todos los goces, particularmente el de las mujeres de la horda. En ese momento fue el goce sexual lo que motivo el acto criminal y, posteriormente, el pacto social de prohibirse repetir la tiranía y el goce del padre. En fin, los hijos asesinos instauraron el pacto social de no-todas para el goce que inaugura el primer esbozo de la democracia y la cultura misma. Se comprende entonces que este catedrático de la Universitat de Girona afirme que «La distinció “natura / cultura” és molt difícil.»

A Terricabras no sólo le es difícil comprender la distinción y el pasaje del Estado de Naturaleza (horda primitiva) a la Cultura (inaugurada por el pacto social: Ley primordial del incesto-prohibición de gozar de lo que gozaba el protopadre), pues todo lo que dice permite señalar que no comprende más el origen y el sentido de las producciones del sujeto humano, o sea, de lo que demostró Freud en El Malestar en la cultura, 1930. Para apercibirse del sentido de esta afirmación recomiendo leer el trabajo del psicoanalista gironí Josep Miguel Pueyo, «Disquisición filosòfiques sobre el malestar en la civilització. Notas sobre els paratextos de la traducción de Josep-Maria Terricabras». (Lathouses. Psicoanàlisi i Cultura des de Girna. Núm. 4. Primavera-estiu, 2009.) Terricabras no va más allá de preguntarse «És “natural” anar vestit pel carrer? És “cultural” fabricar paraigües o matar animals per menjar-se’ls? Els significats de les paraules, ¿són rígids?»

Que Terricabras acuda a Nietzsche, a René Magritte y a Umberto Eco, y no al psicoanalista Jacques Lacan, le impide hacer la diferencia entre significante y palabra, pero también, y esto sin duda produce incluso más estupor, entre la lengua y el lenguaje; y de ahí también el goce de las pequeñas diferencias que acompaña su trabajo, y que en esta ocasión se constata en la articulación de lo social y la política en el lenguaje. Terricabras no se equivoca, empero, cuando afirma que «…som éssers que parlem. Això destaca l’extraordinària importància del llenguatge per a nosaltres. Perquè, amb el llenguatge, no solament a) parlem de la realitat, sinó que també b) en creem». Es decir, el significante, como decía Lacan, hace la realidad, siempre semblante, al matar la cosa (Real). En otras palabras, lo Real de lo cosa deja serlo al ser nombrada (creada) por el lenguaje, por el significante que desde ese momento la simboliza.

Por esto último también, no podemos reconocer en Terricabras siquiera a un intelectual que se congratule con la ética del deseo (falta-a-ser, imposibilidad). Es así entre otros aspectos, porque su pensamiento procede según la clásica ética filosófica de los ideales (potencia-transgresión vs. impotencia-inhibición), o sea, la ética que no permite sostener por más que él lo diga que «La llengua ens fa ser humans. Les llengües ens fan ser dúctils, comprensius, adaptables, ens ajuden a abandonar els dogmatismes i les rigideses»; y es que del mismo modo que el morboso, ideológico y narcisista goce se trata con el lenguaje, lo que hay que tener siempre presente es que la pedagogía falla, o sea, que la vía intelectual, tanto más si excluye el paso por el diván, es impotente contra el goce.


Girona, 20 de mayo de 2014

José Miguel Pueyo

Ricard Coronado, o del deseo de quedar bien y/o las limitaciones clínicas de un neuropediatra sobre el autismo

El doctor Ricard Coronado, recuerda el periodista Lluís Martínez, («Las personas no son autistas: tienen autismo». Punt Avui. Presència, 08-06-2014. Imartinez@presencia.cat) «es un neuropediatra especialista en autismo, un trastorno sobre el que existe un creciente interés, pero que también es un terreno abonado para los tópicos.»


Dr. Ricard Coronado

Interés y tópicos sobre el autismo
El periodista Lluís Martínez, diríase que sabe, a la manera que habitualmente saben los artistas pero en esta ocasión también lo que dice, y lo que dice es que «el autismo es un trastorno sobre el que existe un creciente interés, pero también es un terreno abonado para los tópicos». ¿Cuáles son los tópicos sobre el autismo? Algunos, no menores, son, curiosamente, los que en esa entrevista defiende el entrevistado, el doctor Ricard Coronado.


Cuando la ideología materialista y las limitaciones respecto a la constitución del sujeto humano reprimen la verdad sobre el autismo
No parece que haya evolucionado mucho y tampoco a mejor el pensamiento clínico del doctor Coronado respecto al del psiquiatra alemán Wilhelm Greisinger (1817-1868). En su obra fundamental, Die Pathologie und Therapie der psychischen Kranheiten, 1845, Greisinger se colocó a la cabecera de una renovada y contundente corriente organicista, reconocida en la sentencia «las enfermedades mentales son enfermedades del cerebro», aunque las enfermedades mentales no siempre las atribuyó a una lesión cerebral. Paradójicamente, Griesinger, influido por el psiquiatra belga y gran defensor de la condiciones sociales de las personas con trastornos mentales, Joseph Guislain (1797-186), y de las teorías asociacionistas del filósofo, psicólogo y pedagogo alemán Johann Friedrich Herbart (1776-1841), además de ser uno de los defensores del erróneo concepto de «psicosis única», fue asimismo uno de los críticos de las nosográficas y defendió el psicologismo de la medicina mental alemana de la segunda mitad del siglo XIX, la misma psiquiatría que otorgaba un papel de primer orden a los «conflictos internos» y a la «represión», factores etiológicos reformulados un poco después por Sigmund Freud (1856-1939).

Que el doctor Ricard Coronado esté anclado en aquella trasnochada corriente organicista, y que ni siquiera logre superar el psicologismo de la psiquiatría alemana del siglo XIX, se constata en su respuesta a la pregunta del periodista Luís Martínez, ¿Qué es al autismo?: «Es un grupo de síntomas y de signos que presentan unos pacientes afectados por un trastorno cerebral que comporta discapacidad de comunicación, adaptación y comunicación, y que, además, acostumbran a tener conductas repetitivas». Esta definición, además de fútil y ramplona, deja de lado muchas investigaciones sobre el autismo, y constituye un gravísimo atentado contra la epistemología.

Pero no contento aún con afirmar que el autismo es un trastorno de cerebro, -no especifica si se trata de un tumor, una isquemia, una cuestión de neurotransmisores, de algo genético…-, cualquier diría que lo único que le interesa al doctor Coronado es congraciarse con los padres de los autistas. Así es porque a la pregunta sobre la influencia de ambiente familiar, afirma: «El autismo no se explica por la manera con que los padres tratan a los hijos. Leo Karner expuso la teoría de las madres-frigorífico, pero después se retractó. Pero algunos todavía defienden esas teorías, que no curan y que en cambio culpabilizan a los padres.»

Leo Karner fue uno de los pioneros en el estudio del autismo, y no andaba del todo equivocado al referirse a las madres de los autistas. Pero del mismo modo que la fenomenología no es todo en la causa de los trastornos mentales, creo que si yo hablo, en relación al autismo, de las pulsiones, del estadio del espejo, del nudo borromeo (Simbólico, Imaginario y Real) en la configuración de la subjetividad, de la relación madre hijo en el ámbito del complejo de Edipo, o del lenguaje humano, el doctor Coronado ya no me seguirá y menos aun le importará un ápice lo que yo pueda explicar; y estoy convencido de que tampoco le interesará las experiencias institucionales, de las que también podría decir algunas cosas. Todo indica que el doctor Coronado trabajo en el Reino Unido, pero por sus afirmaciones no creo que lo hiciese en la Clínica Tavistock, y menos aún en la Escuela Experimental de Bonneuil sur Marne. 

El doctor Coronado no comprende que no se trata de culpabilizar o desculpabilizar a los padres, sino, en primer lugar, de la verdad, de qué ha ocurrido y cómo evitar que vuelva a suceder. La verdad sobre un determinado asunto es una exigencia de la ciencia, de la posibilidad, por tanto, de investigar cuanto atañe al autismo. La psicología desculpabilizadora ha hecho mucho daño, no sólo a los niños de todas las edades sino también a los padres y a los educadores. A estos últimos porque los culpabiliza y/o desorienta a la hora de establecer límites a las pulsiones, límites necesarios para la socialización, y que, sin embargo, algunos ideólogos postmodernos confunden, quizá por cuestiones personales y/o por identificaciones igualmente patógenas, con lo peor del autoritarismo.

Por otra parte, poco o nada tiene de científico y tampoco ofrece muchas esperanzas a los padres y a los autistas, opiniones como las del doctor Coronado, quien tras criticar solapadamente los procedimientos terapéuticos basados en la ciencia de la subjetividad, afirma y aconseja sin empacho: «No hay tratamientos curativos para el autismo, pero sí los que ayudan a mejorar, a disminuir la discapacidad y reducir los síntomas… Yo aconsejo a los padres que consigan un diagnóstico claro. Y después, hay que construir el futuro día a día.»


José Miguel Pueyo

Blanes, 8 de junio de 2014.


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